Blog de Luis G. Ruisánchez (2da. EPOCA)



viernes, enero 30, 2009

¿Dónde metió su machete tu cimarrón?

Recuerdo un encuentro de talleres literários celebrado en el balneario de San Vicente, en la zona montañosa de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, hace muchos años ya. Allí compartimos con Miguelito Barnet, poseído entonces de su agudeza crítica y un humor ácido que divertía. No era el mismo, en algunos sentidos, en otros sigue siendo el que es hoy.
Recuerdo que, formando parte de un jurado de fundamentalistas rojos de la obediente intelectualidad cubana, Barnet se atrevió a defender un poema mío, que ya arrastraba mi pasado personal desafecto. ¿Era 1978? ¿1979? Mi poema fue marginando por la desconfianza en su autor, políticamente incorrecto, pero quedó una deferencia entre Barnet y yo que luego se afianzó cuando me mudé a La Habana y coincidíamos en la UNEA o en ciertas peñas de música popular que se celebraban en el Museo de Artes Decorativas, en Bellas Artes o en el Parque Lenin.
Desde entonces le guardo un respeto profesional y, a pesar de los cuestionamientos que muchos le profesan, para los que él ha dado motivos suficientes, he conservado una postura vertical con Miguelito Barnet.
Ahora, desde que fue nombrado presidente de la UNEAC, Barnet ha potenciado ese caudal errado que, tradicionalmente, convirtió su figura en blanco de horrores.
No lo cuento con odios, sino con pena. Escucharlo defender en Panamá, hace apenas unos días, que “los cubanos sí viajan, los únicos que no viajan son los que están presos” y poner como ejemplo que “La gente cree que los cubanos no viajamos y yo he viajado a más de 47 países", resulta indecoroso.
¿Por qué tiene la necesidad de mentir hasta esos niveles de insolencia?, ¿qué lo mueve a tales actos vergonzosos?, ¿es que permanecerá su nombre por Cimarrón o por esas actitudes vandálicas?, ¿es que la presidencia de la UNEAC lo obliga a engañar sin piedad con su propia consciencia?
No caeré en razonamientos ni pruebas que refuten sus afirmaciones en Panamá. Existen evidentes argumentos para demostrar que, durante 50 años de terror gubernamental cubano, lo que afirma Barnet es una mentira oficial.
Sólo me apena la conducta de quien pudo quedar en la literatura cubana como el creador de una corriente de testimonios florales y fluido que todos fuimos leyendo alguna vez.

jueves, enero 22, 2009

Germán Pifferrer in memoriam

Lo conocí hace un par de año, tomamos vino en una taberna rústica de la avenida Flagler y llenó la tarde de anécdotas y simpatías. Mantenía la viveza acostumbrada de que me contaban los amigos comunes que nos presentaron.
Pero de Germán Pifferrer sabía desde mucho antes.
En La Habana escuché hasta el deterioro un long-play de la Orquesta Cubana de Música Moderna dirigida por él. Pastilla de Menta y Room 43 se rayaron de tanto girar en mi viejo tocadiscos.
Después entré, por esas virtudes que te aguardan en la vida, en una familia de artistas cubanos unidos por una larga amistad con Germán Pifferrer. Por ellos, acabo de saber de su muerte. Explicable e insólita, porque hay cosas que suelen suceder así.
El pasado 17 de enero, un cáncer mató a esta leyenda de la música cubana. Hace poco tenía en planes un CD de latin-jazz al estilo de Loquibambia, aquel grupo que dirigió en los 50, el pianista Frank Emilio. Pifferrer era un creador incansable. Escuchaba las conversaciones como música y armonizaba hablando.
Comenzó su carrera musical en Holguín, su ciudad natal, como cantante de la orquesta Hermanos Avilés y ya en La Habana, se destacó como arreglista y director. Fue significándose por su talento y su identificable manera de arreglar y de conducir la orquesta.
Un email que acabo de recibir del saxofonista Paquito D’Rivera, recuerda que “El Pife - como lo llamábamos sus amigos y admiradores- debería ser un ejemplo que contradice a aquellos que aun pretenden hacernos creer que negando el academicismo y teniendo menos conocimientos se ayuda a preservar la espontaneidad y la frescura creativa, cuando la realidad es que, en absolutamente ninguna actividad humana, nadie puede ser considerado superior por saber menos. Germán fue una prueba de ello”.
El DVD del año 2004, titulado "Tropicana All Star recuerda a Benny Moré", lo reproduce como fue, llamativo, intranquilo, lleno de energía frente a la orquesta en la que Israel Kantor rememoró los éxitos del Benny. En el Town Hall de New York, dirigió y grabó “50 Years of Mambo", un álbum doble en vivo, en homenaje a Dámaso Pérez Prado. Sus largos años de exilio nunca lo distanciaron del ejercicio y la honra que le profesaba a la música de su patria, a las figuras que brillan para siempre en la historia musical de Cuba.
Él mismo ha de ser honrado así. Y por las mismas razones.

jueves, enero 15, 2009

Olé por la Trini

Pródiga en infortunios, Trinidad Pérez no cesa de hablar lo que su jefe concibe, un Moratinos cada vez más definido en su conducta respecto de Cuba.
Cuando una vez quise publicar un artículo de opinión sobre el cabildeo de la diplomacia española para que la Unión Europea levantara las sanciones que le había impuesto a La Habana desde el apresamiento de los 75, no encontré cooperación en varios medios amigos españoles. Los compromisos financieros de unos y las simpatías de otros, frustraron mi intensión empeñados en mantener su silencio cómplice con Zapatero, Moratinos y Cia.
Un editor cubano en España, me “explicó” que mantener el silencio era necesario para lograr los beneficios para la disidencia cubana que España sacaría de esa mediación. Me recordó aquella estrategia que vivimos todos en Cuba de que nuestros errores había que mantenerlos en secreto y no divulgarlos como “armas al enemigo”, cuando en realidad, lo verdaderamente positivo sería eliminar los errores y que se enterara todo el mundo.
Dos años después, el silencio conspirativo de mis amigos con la cruzada “moratinense” a favor de los Castro, no ha traído ningún beneficio, ninguna respuesta, ninguna bondad.
Ahora, se repite el suceso.
La bella Trinidad Jiménez, secretaria de Estado española para Iberoamérica, acaba de asegurar durante su participación en el foro Tribuna Iberoamericana, que organizaron la Casa de América de Madrid y la Agencia Efe, que con Barack Obama, “no percibimos que pueda haber cambios de políticas concretas de Estados Unidos hacia Cuba, pero creo que el cambio de actitud puede ser ya beneficioso para la relación bilateral”. Jiménez agregó que “la actitud que pueda tener el presidente Obama va a ser positiva” y consideró que “en la medida en que haya gestos por un lado, puede haberlos por el otro”.
Ya no me asombran esas palabras, no sólo de España, sino de tantos que ahora le exigen disposiciones y cambios a EEUU en busca de una respuesta cubana cuando la lógica, la culpa y la ética confirmarían todo lo contrario.
¿Por qué EEUU debe tomar la iniciativa en un conflicto iniciado y estimulado por Cuba? ¿Por qué exigirle a EEUU un cambio en su política hacia Cuba, como búsqueda bondadosa y tímida de una respuesta cubana y no, precisamente, al revés?
No estimulo la demagogia y la delicadeza atemorizadas con Cuba acodados en una discutible valentía frente a EEUU y cantando en el coro global de las hipocresías.
Aunque los amigos españoles no publiquen jamás mi opinión en sus revistas.

lunes, enero 12, 2009

Socialismo real: otra vuelta de tuerca

Uno, dos, tres…, probando. Ya está. Tras 50 años de ensayos “en seco”, el socialismo verdadero puede comenzar, o el socialismo nuevo, o del siglo XXI, o mejor aún, el socialismo real, lo que implica que cuatro generaciones perdidas de cubanos, ocho de europeos del este y diez generaciones de rusos que han padecido la separación, el ostracismo, la represión y el dolor, desde abuelos hasta nietos, no ha sido más que un socialismo de mentiritas, irreal, ficticio y, lo que es peor, acaso un ensayo como las bandas antes de comenzar la retreta del domingo.
Si la sentencia no es cruel, nada hay más parecido.
¿Es que se precisan de 50 años más para poner en práctica el resultado de un ensayo, corregir sus desperfectos, ajustar sus trombones y volver da capo, ahora sí que va en serio, otro intento de socialismo igual con un apellido distinto, para marcar las diferencias?
¿Y qué garantiza, bajo qué manuales, teorías, especulaciones de sociólogos, economistas y politólogos ha quedado certificado, que los próximos 50 años no terminarán por desafinarse y la grabación de la orquesta hay que comenzarla de nuevo, con otros apellidos ilustres y renovados, por los próximos 100 años que vendrán?
Tras millones de páginas teorizantes, más libros que en la biblioteca de Congreso, forums, disertaciones, teorías y cónclaves globales, el famoso “socialismo”, escalón intermedio para llegar al comunismo, enriquecido por Lenin, Fidel, Mao y ahora por el nuevo filósofo venezolano, ha terminado por ser un caos social, suerte de cáncer del siglo XX, que detuvo el desarrollo de la humanidad por un siglo de estaticismo, crímenes y destrucciones de todo tipo, desde la dignidad humana hasta las fertilidad de la tierra.
“Es que lo vivido no ha sido en realidad el socialismo”, “es que lo vivido, fue tan sólo una prueba de audio”, aseguran los teórico atrincherados en su resistencia contra la realidad, los defensores a ultranzas de las causas perdidas intentando revivir el cadáver de un sistema que demostró su inviabilidad.
No. Es como regresar a los coches de caballos, a la máquina de escribir, a las palomas mensajeras. “El feudalismo es viable, aquel fue sólo un ensayo que ahora podemos reconstruir bajo postulados distintos”, podrían también aseverar.
Me niego a aceptar lo retrógrado y la involución arrodillado en la vanidosa pose de la razón a toda costa. Perdimos, perdieron. El socialismo pretendido era aquello y lo será, lo demás no son más que páginas redactadas con afán de fabulador para tratar de demostrar lo contrario. La realidad ha sido esta y me bastan 50 años para no volverlo a probar.

sábado, enero 03, 2009

Con compromiso y confrontación

Cuando compartimos un almuerzo en un hotel de Santo Domingo, hace apenas unos meses, Marfeli Pérez-Estable me pareció una persona razonable, tolerante y simpática. Estuvimos juntos participando en un evento sobre Cuba y durante esas jornadas modifiqué ciertas percepciones que tenía sobre ella a partir de sus puntos de vista en muchos artículos que he leído. “Te leo siempre pero frecuentemente no coincido contigo”, le dije y ella me pidió, entusiasmada, que se lo hiciera saber. Ahora lo hago.
Acabo de releer “Compromiso o confrontación”, una columna de opinión que Marifeli publicó en Encuentro en la Red (www.cubaencuentro.com, diciembre 23, 2008), y me vuelven a sacudir esas posiciones que me parecen salidas de premisas prefijadas discutiblemente.
Estamos de acuerdo en que la confrontación ha sido el aliento vital del gobierno cubano. Si ella, no les ha sido posible estimular motivaciones suficientes para poder mantenerse en ese embrujo del peligro, la patria y el socialismo o muerte, por 50 años. Sin embargo, yo consideraría “ingenuas” esas percepciones, digamos que adolescentes, sobre el rol que un nuevo gobierno estadounidense pudiera instaurar respecto a Cuba.
Primero, la frase “Nuestro presidente electo es, ciertamente, un visionario”, refiriéndose a Barak Obama, necesitaría una sustentación mayor para llegar a considerar que ciertamente, como cree Marifeli, Obama es un “visionario”. Pero, asegurar esa condición proponiendo que Obama asista a la Cumbre de las Américas que se celebrará en Trinidad y Tobago, del 17 al 19 de abril próximo, con las reformas sobre Cuba, es curioso.
Marifeli dice que “Obama pudiera enriquecer ese entusiasmo si antes de viajar pusiera fin a todas las restricciones impuestas a los viajes y las remesas de los cubanoamericanos. Sería una clara señal de que su gobierno saldría de la rutina política en relación con Cuba”.
Me pregunto varias cosas. Por qué Marifeli cree que Obama debe multiplicar su entusiasmo asistiendo a esa cumbre con el cambio en la política dictada por EEUU sobre Cuba? No se, a no ser que prime en esa opinión la inducción de una actitud unilateral de EEUU sobre Cuba sin que medie la exigencia de una respuesta contundente y semejante en sentido contrario.
Lo primero que me resulta cuestionable es eso, exigirle a EEUU una acción y no una reacción, como debe ser. O sea, definir de antemano, una culpa estadounidense sin contrapartida alguna.
A párrafo seguido, Marifeli dice que “A no ser en un plano simbólico, en el mundo de hoy la Isla importa poco”. Entonces, cuál es la razón de peso que justifique esa acción unilateral de Obama si Cuba no cuenta en los puntos neurálgicos de la política de Washington ni de la realidad estadounidense de hoy?
No he logrado determinar en qué plano de intereses se sitúa Marifeli, si como cubana (del exilio, claro está) o si de ciudadana de EEUU. Ella asegura que desde los gobiernos de Ford y Carter “no se ha trazado un mapa de ruta para la normalización de relaciones con La Habana. ¿Podrá Obama definir una política hacia Cuba y ver el bosque y más allá?”. Pero es que ese mapa (discutible, porque motivó respuestas de La Habana como la guerra en Angola con la finalidad de deshacer ese supuesto mapa del que habla) fue, o mal diseñado, o infuncional, o estimulante para que Cuba tomara posiciones más radicales y peligrosas. En caso de que esos “mapas” hubieran existido como una política de estado de Washington hacia La Habana, no arrojaron resultados previsiblemente positivos como para exaltar el talento “visionario” de Obama haciéndolo ver “el bosque y más allá”, lo que traducido, quiere decir que la columnista ansía que Obama trace e imponga una “ruta para la normalización de relaciones con La Habana”.
Ahí está el enigma de esta defensa que asume Marifeli Pérez-Estable. ¿Por qué debe EEUU trazar esa ruta para la normalización de las relaciones con La Habana? Lo que no logro ver en su opinión es qué justifica ese remake de la actitud unilateral estadounidense sin que, por otra parte, se exija, no una respuesta de Cuba, sino, por el contrario, una ruta inicial, si es que nos conducimos como cubanos y respondemos al conflicto de nuestra nación.
Exigir y enjuiciar la política de EEUU sobre Cuba es meternos en un derecho inherente a ese país. Creo que, como cubano, ese enjuiciamiento y esas exigencias deberían ir dirigidos a La Habana, que es lo que nos incumbe como patria y es el campo de acción en el que tenemos que conquistar nuestros derechos. Lo otro, no es más que reflejos de eso que llaman “ingerencia”.
Como colofón, como anexo entrelíneas que cumple las apariencias, Marifeli dice que “Cuba, por ejemplo, podría liberar a los restantes 55 prisioneros de conciencia de la Primavera Negra del año 2003”, nótese que ha colocado un “por ejemplo” disyuntivo, o sea, eso o liberar el café de la libreta de racionamiento, eso sí o eso no, liberar los 55 presos de conciencia o poner guaguas en el verano desde La Habana hasta la playa de Guanabo. Y más adelante coloca otra tibia disyuntiva de dudosa legitimidad al decir que si Obama no hace lo que la columnista le ha propuesto en todo el artículo, “no lograremos que Cuba celebre elecciones libres y respete las libertades civiles”, es decir, para Marifeli la conducta del régimen de La Habana es única y exclusivamente consecuencia de la política de EEUU hacia Cuba y para lograr elecciones libres, democracia y respeto dentro de Cuba sólo hay que exigirle a Washington, sólo debe cambiar Washington. Es tan fácil que, hasta después de leer esta opinión, no nos habíamos dado cuenta.
No se si compartiré otro almuerzo alguna vez con Marifeli Pérez-Estable, pero en aquel de hace unos meses, opiniones suyas como esta son las que me han hecho polemizar con sus opiniones. Espero que si almorzamos juntos alguna otra vez, ahora sepa qué ejemplo ponerle.

viernes, diciembre 19, 2008

FELIZ 2009!!!


Junto a esta foto del yate El Pilar, de Ernest Hemigway, saliendo del puerto de La Habana en 1953, perteneciente a los archivos fotográficos de la revista Life, les envío mis mejores deseos para el año que comienza y la esperanza compartida de alcanzar todo lo bueno a que aspiramos y soñamos.
Un abrazo,
Luis G. Ruisánchez

miércoles, diciembre 17, 2008

Herencia, historia y dolor. Yo no puedo olvidarlo

Cuando llegas a la ciudad de Miami, lo primero que te muestran es la Torre de la Libertad, un edificio de corte mediterráneo, frío y bello a la vez, de fachada color mostaza, que acaba de ser declarado Monumento Nacional.
Su historia es nuestra historia. La emblemática torre del downtown de Miami lleva ese apelativo glorioso porque se convirtió en el refugio de los 265 mil exiliados que volaron desde La Habana hacia el sur de la Florida, en los famosos Vuelos de la Libertad, que cruzaban el estrecho canal dos veces al día entre 1965 y 1972.
Antes de los famosos vuelos, ya estaban en territorio estadounidense 270,000 mil cubanos exiliados. Un censo realizado en 2007 arrojó que hoy viven en EEUU, 1 millón 241 mil 685 ciudadanos nacidos en Cuba, más la descendencia directa de ellos, pero que ya son naturales de ese país.
Desde entonces, la Torre de la Libertad acunó, protegió e insertó a miles y miles de cubanos dispuestos a comenzar una vida nueva en la ciudad de Miami, a dónde llegaron sin un centavo, vacíos y anónimos, sólo agarrados a la esperanza.
El eterno segundón del gobierno cubano (hoy reducido a su enésima parte) Carlos Lage, ha declarado que “es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia", refiriéndose a la prohibición de los viajes a Cuba que el gobierno de George Bush había decretado.
A mi no me cabe dudas de que es un acto de barbarie que atenta contra la libertad individual y es una bofetada a la nostalgia y los vínculos de afectos humanos. Lo que no acepto es que Lage se erija ahora, defensor de ese derecho.
Yo no se quién lo habrá olvidado, pero recuerdo en detalles aquellos años de represión feroz en Cuba contra quienes querían emigrar, la obligación a pagar su “culpa” por traicionar la revolución, despedidos de sus trabajos y, en calidad de prisioneros, llevados durante meses o años a trabajar en el corte de caña, lejos de sus casas y sus familias.
Hasta finales de 1979, cuando Cuba aceptó “la comunidad de cubanos en el exterior”, recibir una carta, una llamada telefónica o un envío de un familiar exiliado, era motivo de castigos severos. Por más de 20 años, una carta de tu hijo, tu hermano o tus padres, se pagaba con la desconfianza oficial, el estigma social y la separación del trabajo. Y pasabas a los registros de la inteligencia cubana.
Por más de 20 años, quienes se fueron de Cuba estaban imposibilitados de visitar la Isla por disposición de las autoridades revolucionarias.
Por más de 20 años, salir de Cuba fue imposible, tener un pasaporte estuvo prohibido.
Por más de 20 años, exiliarse era sinónimo de “gusano”, “apátrida” y el territorio nacional, tus derechos de cubano, tus pertenencias y tu dignidad quedaban reducidos a la nada.
La revolución cubana cumple 50 años, medio siglo de terror. Si por más de 20 años aquello fue disposición gubernamental evidente, por el resto de estos 30 años ha existido como el mismo odio disimulado.
Conozco amigos que han sido devueltos desde el aeropuerto de Rancho Boyeros en La Habana por su explícita conducta disidente, aunque sólo sea de conciencia.
Hasta hace apenas dos o tres años, los cubanos residentes en el extranjero estaban obligados a solicitar un permiso en sus embajadas que le permitieran o no, visitar Cuba. Hoy, eso ha cambiado insustancialmente. Aún hay que pedir esa autorización y ellos consideran si tienes o no el derecho de visitar a tus familiares en Cuba. Pero aún así, tener el permiso estampado en tu pasaporte no es una garantía. Al llegar a La Habana, pueden prohibirte el acceso al país y debes regresar desde el mismo aeropuerto, en el primer vuelo.
Hoy sigues perdiendo tus derechos nacionales cuando emigras. Es aún la misma concepción de que irte de Cuba es un destierro.
Pero Lage se otorga la libertad de decir que “es un acto de barbarie prohibirle a un ciudadano visitar a su familia". Es verdad, sólo que ellos son los bárbaros mayores, decanos y doctores. Ellos iniciaron y mantienen esa política inransigente, de odios y venganzas.
Lo más doloroso es ver cuántos cubanos olvidan estas historias. Cuántos han hecho mutis de sus memorias y a veces de sus propias experiencias, para condenar sólo una parte de lo condenable.
O ver cuántos cubanos que volaron a Miami desde aquellos Vuelos de la Libertad hasta hoy, practican la ingratitud y el olvido. Esa "selva contrarrevolucionaria miamense, intolerante y retrógrada", condenada por muchos de nosotros mismos, es resultado de la misma herencia adquirida, es la misma creación nuestra y es el reflejo de ese dolor que muchos han olvidado sin compasión, más intolerantes aún, más irreflexivos, más vanidosos.Y olvidadizos hasta la vergüenza.
Yo me inclino por el respeto a todos. Desde el niño que llegó una vez a La Torre de la Libertad despojado, sin familiares, aterrorizado, que dejó su padre muerto en un paredón de La Cabaña; o del que vino en una balsa a la deriva con el recuerdo de la dentellada del tiburón sobre el corazón de su madre; o del que voló feliz y pidió refugio al llegar a Miami. Todos tienen sus propios argumentos, sus propias razones, sus propias experiencias respetables porque todos somos victimas de la misma humillación.
Y aplaudo que la Torre de la Libertad haya sido declarada Patrimonio Nacional en EEUU. Tenemos que validar nuestros símbolos con la experiencia de este medio siglo que los tiranos y sus cómplices festejarán este primero de enero.
Esa Torre mostaza de estilo mediterráneo, Hialeah, la Pequeña Habana o el cementerio de cruces simbólicas por cada cubano muerto en su intento por escapar de la isla, son parte de nuestra verdad histórica, de la presencia de nuestra cultura, de nuestro rastro y de nuestra existencia y sobrevida, y de esta carga de dolor que arrastremos mucho más allá del final de la dictadura.

miércoles, diciembre 10, 2008

Sloopy Joe’s, entre las hendijas y la evocación

Acostumbraba a hacer la cola para tomar la ruta 22 en su parada inicial, al fondo del Palacio de Bellas Artes, en La Habana. Mientras esperaba la llega del ómnibus, me asomaba con afán de vouyerista, por la hendijas, entre las tablas que tapiaban el antiguo Sloopy Joe´s. Era un mundo de parálisis histórica, entre el polvo y la ruina. Dentro, permanecía la evocación perenne de la barra de caoba ennegrecida, banquetas olvidadas, antiguas fotos de boxeadores, barcos y artistas colgadas aún de las paredes del que fue uno de los más célebres bares del mundo.
Un día, muchos años después, me senté en las banquetas del Sloopy Joe’s de Kay West, al sur de la Florida. Fue la satisfacción de un antojo habanero. La misma identidad del ambiente enrarecido, las fotos en la pared, la barra ennegrecida de caoba. Pero 90 millas al norte de La Habana, este Sloopy Joe’s no era aquel que escudriñaba por las hendijas de las tablas, a pesar de que por las calles de Cayo Hueso, llenas de viejos rockeros y hippies empecinados, vagaban aún la memoria de José Martí y el mismo fantasma pintoresco de Ernest Hemingway.
Hoy, he descubierto esta foto del actor Spencer Tracy en el Sloopy Joe’s de La Habana, en 1958, gracias a que Google colocó el archivo fotográfico de la revista Life, al alcance de un click, como uno de los obsequios gráficos más importante de la cultura universal.

Tony Montana, 25 años después

Tony Montana cumplió 25 años. No de plena juventud, sino de plena vejez. La famosa película Scarface, que se estrenó en diciembre de 1983, es ahora cine viejo, pero, paralelamente, se ha convertido en un clásico de la evocación, la violencia y el lenguaje soez de sus personajes.
Entre los agradecimientos eternos está el estrellato de Michelle Pheiffer, una de los más sensuales rostros del cine que van desde la fiereza mujeril hasta la candidez romántica con una facilidad que alarma.
Otro es de carácter nacional. Tony Montana es un exiliado cubano del Mariel, aquel éxodo masivo de 1980 que metió, gracias a la pericia y el indecoro del régimen dictatorial cubano, a miles y miles de criminales en EEUU, sacados de las cárceles de la isla directo a los refugios de la Torre de la Libertad, frente a la bahía de Miami.
El gurú cubano de la cocaína que interpretó Al Pacino quedó como un icono de la sobreactuación, en consonancia con esa grandilocuencia falsa de la película que dirigió Brian de Palma sobre un guión de Oliver Stone.
La vi primera vez en casa de Fantomas, mi amigo de la Virgen del Camino. Había comprado en el mercado negro una video-cassetera y la película en una copia BHS en blanco y negro. Fue un acto casi delictivo, de insubordinación política, encerrados en el cuarto de la casa.
Lo peor era que Tony Montana, lejos de ser el antihéroe pretendido por De Palma, fue en La Habana de entonces, una figura emblemática. Un duro cubano del Mariel podrido en dinero y mandamás en Miami, capaz de bailar en casa del trompo. Montana fue imagen del triunfo en un país dónde los valores se perdían en medio de la miseria y las prohibiciones y cualquier cosa, por discutible que fuera, como ser zar de la droga, resultaba una señal de éxitos cuando alguien se escapaba del encierro nacional de la dictadura.
Por eso celebro los 25 años de Tony Montana. No los 24 muertos por segundo de celuloide, las montañas de cocaína, las malas palabras constantes de Al Pacino, los epítetos que se lanzan en los diálogos contra negros, latinos y mujeres. Scarface es un monumento a la negación, una blasfemia al respeto, la cordura y los derechos. Pero ha quedado como un filme referencial, es uno de esos fenómenos del arte que, sin saber por qué, no se pueden evitar.

jueves, noviembre 27, 2008

Y siguen siendo más famosos que Jesucristo

Cuarenta años después de su aparición en el mercado, en 1968, The White Album de The Beatles, ha sido mencionado por el Vaticano por primera vez, calificándolo como una “utopía musical, donde se encuentra todo y el contrario de todo".
Cuando el famoso cuarteto lanzó el disco (Cuyo verdadero nombre es “The Beatles” a pesar de conocerse universalmente como “The White Album”) el Vaticano se encontraba transitando una de sus etapas peores, pródiga en intransigencias a los riegos espirituales de una década llena de curas con la teología de la liberación debajo del brazo, revoluciones de corte marxistas, hippies, rock y LSD.
La respuesta de John Lennon durante una entrevista en 1966 a la televisión estadounidense, “Los Beatles somos más famosos que Jesucristo”, fue imperdonable para la Santa Sede, y los cuatro muchachos de Liverpool quedaron excomulgados para siempre.
La algarabía suscitada por aquellas declaraciones fue tal, que el mismo Lennon tuvo que enmendarla un día después: “No dije que The Beatles son mejores que Jesucristo, dije que somos más populares, como lo puede ser la televisión o cualquier otra cosa”.
Ahora, El diario del Vaticano, L’Osservatore Romano acaba de publicar un justificante artículo sobre The Beatles en el que eleva al altar de la gloria a John, Paul, George y Ringo y argumenta que aquello “fue una frase que suscitó profunda indignación pero que hoy en día suena más a una mofa de un joven de la clase obrera inglesa abrumado por el éxito”.
Dos de los cuatro muchachos ya mo podrán leerlo. A los otros dos sobrevivientes, creo que les importará poco; demasiado éxito e historia para ocuparse de la excomulgación en el otro mundo, si ya han sido comulgados en este.

lunes, octubre 27, 2008

La insoportable levedad de Milan Kundera

Cuando en su libro autobiográfico “Con la piel de cebolla” el escritor alemán Günter Grass confesó su participación en las Waffen-SS, cuerpo elite y brazo de combate de las SS alemanas, que bajo la dirección del nefasto Heinrich Himmler, fueron especialmente activas en la perpetración del Holocausto, el mundo abundó en comentarios y porfías por el pasado del premio Nobel de Literatura y premio Príncipe de Asturias, que con su tambor de hojalata tocó en su juventud, los ritmos de las marchas hitlerianas.
Pero Günter Grass se ha equivocado en conceptos mucho más razonables después de adulto. Recuerdo una entrevista que le hicieran en el tabloide cultural La Gaceta de Cuba a finales de los años 80 y que elogiaba ciertas virtudes discutibles de un socialismo cubano que él miraba turística e intelectualmente desde Berlín.
Los pecados de juventud bajo las presiones de los regímenes totalitarios, dejan de tener una connotación tradicional y el sentido de culpa tiene sus matices. Carlos Alberto Montaner decía recientemente, que “Acaso el gran culpable es el sistema. Un sistema que fabrica monstruos y obliga a las personas a ensuciarse las manos generando una terrible atmósfera de miedo y paranoia”.
Si no fuéramos a matizar esos pasados indecorosos bajo la tensión de la supervivencia en las tiranías, no hubiera salvoconductos para los terroristas de las FARC que se entregan, ni para los oficiales cubanos de la seguridad que se asilan en Miami.
Quienes, como los cubanos, llevamos medio siglo de dictadura absoluta, miedos y paranoia social, viviendo bajo el terror de los presidios, entendemos que hay un espacio reservado para la comprensión y el perdón, si es que aspiramos a darle un valor humano a todo lo que hemos sufrido, más allá de los rencores absolutos y las venganzas cinematográficas.
Más o menos es por ahí que entiendo lo que hoy acusa a Milán Kundera. Si pusiéramos en una balanza su obra de denuncia, profunda y cautivante, en la que nos vemos implicados quienes conocemos y vivimos o no experiencias similares, junto al contrapeso de que Kundera denunció en 1950 a Miroslav Dvoracek, “ex piloto del ejército checoslovaco, del que había desertado y ahora es un guapo espía que trabaja para Estados Unidos”, creo que, sin dudas, se inclinaría hacia el resto de su vida y no hacia el instante de la vileza.
Eso es una carga moral que Kundera tendrá que cargar con ella, pero al resto de la humanidad lo que le importa es la consistencia de su obra.
Para la miseria no creo que haya perdón. No lo ha habido para Günter Grass, para los oficiales de la Seguridad del estado cubano exiliados en EEUU. No lo habrá para Milán Kundera si se comprueba, definitivamente, que “chivateó” a aquel espía infiltrado a los 21 años de edad, temeroso y paranoico, en una Checoslovaquia de horrores estanilistas, donde mismo, 17 años después, se convirtió en uno de los héroes de la Primavera de Praga.
Demasiados exorcismos de esa culpa para avivar ahora el odio contra Milán Kundera. Demasiado show mediático de quienes no han vivido la experiencia del terror comunista de las dictaduras totalitarias de Checoslovaquia o de Cuba.
Para mí, Kundera está perdonado.

jueves, octubre 23, 2008

Dulces mentiras

“Es difícil imaginarse que Colin Powell apoyaría a un socialista”, dijo Barack Obama el pasado martes en Miami. Entonces ¿por qué apoyó Powell al candidato demócrata?
Ya sabemos, por boca del mismo Obama, que por socialista no es, lo que significa que, siendo él socialista, no es por ello que Powell lo dará su voto el próximo 2 de noviembre.
No lo digo yo, lo dijo Obama.
Por otra parte, Powell ha dicho que, a pesar de ser republicano y amigo personal de McCain, votará por Obama, lo que también descarta filiaciones políticas o simpatías personales.
¿Entonces…? ¿Es que el ex secretario de Estado tiene una motivación racial para apoyar a Barack Obama?
La deducción no es un simple ejercicio de posibilidades, sino la consecuencia más lógicas de las propias declaraciones de los protagonistas de esta historia. ¿O es que tiene usted un razonamiento distinto y mejor?
Yo creo que hay cosas que, como se dicen en mi pueblo, “se caen de la mata”. Y en estas propuestas no se razona con responsabilidad, porque estamos jugando al entusiasmo masivo de las palabras “change” o lo que es peor, “¡queremos parte de ese pastel!”, como corearon en el acto de Obama en el downtown de Miami, cuando el candidato demócrata definió la economía estadounidense posible tras la salida de la crisis, diciendo “Todos aquí quieren algo del pastel y nosotros aspiramos a que el pastel crezca para entonces pedir un trozo del pastel’’, dulce comparación para la exaltación del egoísmo populista que fragmenta cualquier sociedad. Ya eso lo hemos oído mucho en Latinoamérica.
Es más sabroso pedir un pedazo del pastel hecho que “fajarse” a hacerlo y quien promete esa filosofía del facilismo, triunfa.
Por ejemplo, la propuesta demócrata de subirle los impuestos a quienes reciben más de 200 mil dólares anuales ya ha comenzado a hacer estragos en la mayorías de las empresas estadounidense.
Un amigo que trabaja en una compañía de mensajerías en el NW de Miami, ya ha tenido la amenaza de su empresa de que si suben las cargas impositivas tendrán que reducir personal y recortar otros beneficios adicionales al salario que entregan regularmente a sus empleados.
Es lógico. Los más de 200 mil USD anuales que ha fijado como frontera para el incremento de impuestos bajo la consigna de “repartir las riquezas”, que promulga el senador demócrata (otra experiencia de trágicos resultados en Latinoamérica), engloba a la gran mayoría de los pequeños y medianos negocios del país, además de, por supuesto, las mega-compañías.
Las facilidades que China, India, Corea o Irlanda dan a los inversionistas, con impuestos del 17% (Obama aspira a incrementar el 30% de impuestos actuales que existe en EEUU) y las condiciones de mano de obra barata harán que muchas compañías estadounidenses emigren a esos países, en tanto las que no puedan hacerlo, quiebren. Consecuencias: un desempleo galopante con todo lo que eso acarrea.
Creo que el panorama está claro y frente a los ojos. No es problema de análisis conceptuales o lecturas entrelíneas. Es una reacción probada en la historia.
Claro que alabar con demagogias populistas y disfrazar alevosamente los programas peligrosos que se acunan, precisa de un apoyo logístico de propaganda que apunte, más a los sentimientos que a la razón. Y las masas tienen esa debilidad coral, reaccionan con más optimismo a la mentira edulcorada que al dolor razonado de la verdad. Otra experiencia vivida ampliamente “al sur del Río Bravo”.

martes, octubre 21, 2008

México, no son tiempos de danzones y boleros

Uno de los motivos que despertaron mis simpatías por el candidato republicado a la presidencia de Estados Unidos, ha sido su trabajo sostenido en busca de una solución migratoria que beneficiaría, sobre todo, a los emigrantes mexicanos indocumentados en suelo estadounidense.
Con más de una década exiliado en República Dominicana, he asumido la solidaridad con quienes saltan de sus trágicos países en busca de oportunidades y derechos, por encima de las restricciones legales y los egoísmos nacionalistas. Si el mundo se esgrime global y único para el comercio, las políticas y los mercados, entonces asumámoslo con la misma honestidad abierta para quienes huyen de las miserias de sus propias naciones.
José Martí escribió en el periódico El Nacional en 1889 que “si en la tierra donde nací no encuentro la libertad y el respeto para el que nací y lo encuentro en otra tierra, entonces mi patria no es aquella donde nací, sino la que me ha brindado la libertad y el respeto para el que nací”. Para el Apóstol, las reglas de la dignidad y la nacionalidad real estaban claras desde hace mucho más de un siglo.
El odio chovinistas de varias naciones europeas mediterráneas atenta con furia incontenible y racial contra los huidizos emigrantes del norte de Africa. Son historias de exclusión, abusos y humillaciones. Es el orgullo clásico, viejo y corroído como las columnas del Partenon.
Sin embargo, si el dolor de tantos años de exilio, la nostalgia contenida y la separación de mi calle, mis portales provincianos y el amigo de la infancia no me obligarán a resistirme a ser arrastrado por la indolencia de los gobiernos, yo preferiría ahora a Barack Obama como próximo presidente de los EEUU porque su conducta tradicional ha sido una negación rotunda a los acuerdos migratorios posibles que le darían un estatus razonable a los indocumentados mexicanos.
Que los deporten, los separen de sus sueños, sus familias, de sus esperanzas. Que en 48 horas los vuelvan a sus pueblitos indígenas sin discusiones ni alternativas. Que los hagan cruzar la frontera de regreso a casa a fuerza de cárceles, fusiles y odios.
Ni escrúpulos ni respetos. Que los echen y nada más.
Como mismo ha concebido legalmente el gobierno mexicano contra los cubanos que huyen de la dictadura más vieja del continente. Un acuerdo para deportarlos de suelo mexicano con destino a La Habana, donde les espera la exclusión, la represión y la venganza policial castrista.
La hipocresía tiene nombre y apellido. El presidente mexicano Felipe Calderón, su gobierno, la prensa mexicanas, las fuerzas públicas, las voces civiles, las clases académicas, artísticas, profesionales, los ciudadanos mexicanos exigen enérgicamente un estatus legal para sus indocumentados en EEUU, mientras concretan y aprueban semejante acuerdo contra los cubanos refugiados que llegan a México. Unos firman la infamia junto al canciller de La Habana, otros conspiran con su disimulo, su indolencia y su silencio.
Qué lejanos tiempos en que el bolero y el danzón viajaron en barcas de oro a tierras yucatecas y Rita Montaner cantaba criollas en las películas de los estudios Churrubusco.
La gloria de Cuba, arrasada por la tiranía más larga de occidente, es apaleada por la traición, la complicidad y la indolencia de un país que una vez creímos hermano.

miércoles, octubre 08, 2008

Divagaciones y diatribas

En su última reflexión, Fidel Castro enarbola la suerte cubana de que estamos exentos de la ola expansiva que ha traído la crisis financiera en EEUU. Castro asegura que “Cuba está a salvo” justamente por no depender del mercado con Norteamérica. Es como decir, que esta crisis no ha alcanzado a los cubanos porque, como metidos en una campana de cristal, inmunes a la realidad externa, estamos fuera del peligro exterior.
No sé si es cinismo o locura. Con casi medio siglo de crisis financieras perennes, ahora el cubano se enfrenta a la devastación total tras los dos ciclones que remataron la economía, la industria y la agricultura, ya devastada por el ciclón de los Castro.
Fidel, en su confort sublime, alimentado como un santo, aislado de una realidad nacional de la que ha estado aislado siempre, se permite las fantasías victoriosas sobre las ruinas de su creación. Sería penoso si no hubiera ocasionado tanta crueldad.
Yo creería que con esa verdad irrebatible delante, todo otro análisis es superficial.
Por ejemplo, detractores y defensores del embargo que EEUU tiene sobre Cuba, continúan blandiendo el argumento como si tuviera peso en la actualidad nacional.
El embargo, si debía quitarse, es por estéril, porque nada ha condicionado dentro de la Isla. ¿Es retorcido?, claro que lo es, sobre todo por ineficiente. Pero lo que nadie, ni unos ni otros, explican son las razones que ocasionaron declarar un embargo a Cuba.
Hay una deuda pendiente, una nacionalización voluntariosa sin que se cumplan las más mínimas responsabilidades éticas. Y eso es historia.
Por otra parte, quebrar el embargo ha sido fácil a lo largo de este medio siglo, es la prueba de su ineficiencia. Ahora mismo, EEUU es el tercer socio comercial de Cuba, pero hace más de 20 años, por Panamá entraban a Cuba los productos de fabricación estadounidense con absoluta libertad.
No sólo Panamá, México, por ejemplo, ha sido un constante puente comercial entre EEUU y La Habana. Ignorar las reglas que imponía el embargo se convirtió en un deporte global y Cuba tenía el comercio abierto y franco con Asia, Europa y el resto de las Américas.
Pero lo menos que Cuba ha querido en todo estos años, es justamente eso, quebrar el bloqueo. ¿Cómo matar la gallina de los huevos de oro, si el bloqueo (o el embargo) ha sido argumento constante para violentar todos los derechos y justificar la ineficiencia y el desinterés por abastecer al cubano de sus necesidades básicas de todo tipo, además del ardid perfecto para convocar la ayuda solidaria del resto del planeta?
El embargo no es posible levantarlo sin resolver la demanda que representa a una de las partes del conflicto, aunque nunca en la historia, el hambre ha liberado una nación.
Esta misma práctica habitual del gobierno cubano se ha manifestado explícitamente ahora.
Los argumentos de La Habana para rechazar la ayuda de EEUU por los desastres de los huracanes, rayan lo ridículo y sólo se sostienen en la irresponsabilidad.
Lo que EEUU pedía era hacer una valoración in situ del desastre antes de colocar los fondos para la ayuda, justamente lo que hicieron las demás naciones que enviaron ayuda a Cuba y lo que nomalmente, se hace en estos casos en todo el mundo. Nada extraordinario. El marketing cubano consistió en convertir un procedimiento natural en un show político, sin la menor condescendencia con una población que se deshacía en hambre y penurias. Ponerle a esa trampa el adjetivo de dignidad, es jugar la ruleta rusa o pecar de tontos.
Claro que EEUU tenía todo el derecho (y el deber) de condicionar la ayuda a Cuba por el ciclón. Por ejemplo, las planchas de zinc que llegaron en donaciones internacionales para reconstruir los techos de casas destruidas por los vientos, están siendo vendidas a los damnificados por las autoridades de la isla. La gente se queja de que en el Noticiero Nacional de TV se reseñan las llegadas de aviones con cargamentos de alimentos para los damnificados que ellos no reciben jamás.
No es esta la primera vez. Los cubanos sabemos que se ha repetido a través de los tiempos. Leches en polvo, aceites, enlatados y otros productos donados a Cuba por la Comunidad Europea, suelen ser vendidos en tiendas especiales que comercian en dólares y otras monedas fuertes. Cuba envió recientemente millonarias ayudas en alimentos a Jamaica y Haití para los damnificados de estos dos ciclones mientras la isla sigue devastadas.
Es más importante la manipulación política que el horror dantesco que se vive allá dentro.
Yo he llegado a la conclusión de que, a diferencia de Danton, el revolucionario lo que necesita es “mucha irresponsabilidad”, un fundamentalismo ciego a favor de su ideal sin sopesar los daños que cueste. Es el resultado final de todas las revoluciones.
Hace apenas unas horas, terminó el segundo debate entre los dos candidatos a la presidencia de los EEUU. Latinoamérica brilló totalmente por su ausencia. No está entre los temas primordiales de sus campañas, y eso responde al desinterés del votante estadounidense. Sin embargo, me asusta siempre escuchar la palabra “cambio” porque tiene un tufo revolucionario.
No creo que “cambio” sea un argumento con pruebas históricas suficientes como para creer en él como en un acto de fe. Primero, porque “cambio” implica renunciar a una serie de conquistas válidas y de tránsitos positivos y, además, porque como mismo prefiero “evolución” a “revolución”, me inclino por “continuidad” en vez de “cambio”, porque la continuidad es el perfeccionamiento de sistemas ya establecidos, la corrección de ellos hacia estatus superiores. En contraste, el cambio es un reinicio, un experimento que acaba de comenzar y que nunca sabremos a qué va a dar lugar.
Che Guevara, uno de los personajes más cuestionables de la historia latinoamericana moderna, y de quien se pueden sacar muchas mas citas negativas que positivas, replanteaba aquella vieja sentencia fascista diciendo que “oigo hablar de cultura y me llevo la mano a la pistola”. Yo he llegado a padecer de la misma predisposición irracional y cuando oigo hablar de “socialismo”, me llevo las manos a la cabeza, Es el susto.
Demasiadas malas experiencias para que ahora tratemos de disfrazar el mismo equívoco que nos ha costado tanto, con un apellido nuevo. Me niego a nuevas simulaciones para terminar atentando contra mi integridad moral y económica, contra mi libertad, ya sea Zapatero, Chávez o Fidel.

lunes, septiembre 22, 2008

El clon entre las ruinas

Los intelectuales y artistas cubanos fueron a Isla de Pinos y Pinar del Río, a trabajar voluntariamente en la recuperación de los desastres ocasionados por los dos últimos huracanes.
La noticia resulta simpática cuando uno decide tomar ligeramente lo que en realidad ofende.
Cuando la leí en el email de un amigo, me sorprendí; cuando vi las fotos en la página web La Jiribilla, tuve la doble sensación de morirme a carcajadas y vomitar.
Aquellos gordos y viejos personajes fantasmagóricos, viviendo de la nada cotidiana en un país donde les pagan por esas payasadas de ocasión, escritores devenidos profesionales por la obediencia, acostumbrados a no trabajar más allá de las tertulillas de la UNEAC y las reuniones entre amigos cuando desatan su ingenio cultural criticando la dictadura que obedecen día a día, encaramados en los techos de casas destruidas, haciéndose fotos publicitarias y declarando que “estaremos aquí hasta que la revolución nos necesite”, porque no han tenido el valor de decir que el motivo de ir a esas zonas desastrosas ha sido ayudar a la gente simple que pudiera necesitarlo y no las alabanzas viles a la “revolución”.
Demagogia latente, inutilidad y aburrimiento, además de la protección de sus privilegios vitales en La Habana, movieron a esta brigada de artistas “Venceremos”, en lujosos ómnibus y campamentos de estilo turístico donde beben y comen lo que les falta a los damnificados debatidos entre el desamparo y el dolor.