Blog de Luis G. Ruisánchez (2da. EPOCA)



miércoles, junio 24, 2009

Variaciones sobre un refrán popular

La sabiduría popular, que pocas veces se equivoca, dice que “el mono, aunque lo vistan de seda, mono se queda”.
En mis años de fantasías juveniles, sentí una admiración desmedida por el Mato Grosso, Machu Picchu y los cafés de Buenos Aires. Me sedujo la redención latinoamericana del siglo XIX y la sangrienta segunda mitad del XX me resplandecía heroica.
Lo mejor de esta historia es que desperté a tiempo sacudiéndome de encima el cretinismo perfecto del latinoamericano común.
A mi edad todo comienza a ser confesable porque se va renunciado al pudor de las apariencias.
Acabo de leer que una pandilla de latinoamericanos, entre los que hay dos cubanos, fueron sorprendidos estafándole al Medicare 100 millones de dólares.
Desde el 2005, la oficina de la Fiscalía Estatal en Miami ha acusado a unos 800 personas sospechosas de haber presentado un total de $2,000 millones en reclamaciones falsas, lo que equivale a una tercera parte de todos los casos de fraude al Medicare que se han encausado a nivel nacional. De esos 800 acusados, cerca de 60 son fugitivos que huyeron a Cuba, América Latina y Europa.
Ahora, los dos cubanos implicados en esta estafa, Orlín Tamayo Quiñónez y Juan Carralero, fueron a refugiarse en La Habana.
La latinoamericanidad suele avergonzar. Y, frecuentemente, la cubanidad avergüenza más.
Por eso reverencio la vieja sabiduría del refranero popular, con una pequeña variante actualizada: “El latinoamericano, aunque lo vistan de seda, mono se queda”.

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