Blog de Luis G. Ruisánchez (2da. EPOCA)



lunes, junio 14, 2010

Sigler, para los incrédulos.

La historia es compleja y un caso individual, por simple sumatoria aritmética, puede convertirse en el suceso determinante. Por eso es trascendente la liberación del preso político cubano Ariel Sigler Amaya.
Más allá de su liberación en el estado físico y de salud en que la dictadura lo ha regresado a casa, se convierte en ese icono tangible del presidio político cubano actual.
¿Es Sigler el único? No. Son miles los presos cubanos de todo tipo que sobreviven en cárceles, hacinados, enfermos, mal alimentados, maltratados cotidianamente, despreciados. Son mazmorras decimonónicas, sin control ni respeto.
Sigler es la imagen probatoria. Lo fueron dejando agravar para liberarlo, en un acto de publicidad macabra, débil y desgastado.
Tras su liberación, leí en Kaos en la red (www.kaosenlared.net) un artículo de J.M.Alvarez titulado “Ariel Sigler y los medios españoles de ‘información’” en el que llama a Sigler “el mercenario cubano””, repitiendo la desgastada metáfora de que estaba al servicio del imperialismo yanqui con su máquina de escribir cuando lo detuvieron en la Primavera Negra de 2003, junto a 75 cubanos más.
Penoso ejercicio del periodismo, del uso de Internet que, como un boomerang, se revierte en su contra no sólo por lo que escribe, sino por lo que inspira.
La imagen de Ariel Sigler Amaya regresando a su casa, habla por sí sola. Es la iconografía de la tiranía cubana, como lo ha sido la muerte de Zapata o el debilitamiento de Fariñas. Son esos símbolos irrebatibles que ya hemos visto en las fotografías que recogieron para siempre en la historia universal, los perores tiempos del horror humano.

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