
Cuando Las venas… salió a finales de los años 70, ya estaba desfasado. El Departamento América, en Cuba, había abandonado sus guerrillas acostumbradas y la comunidad cubana en el exterior, los famosos “gusanos”, comenzaban a entrar de visita a la Isla convertidos en mariposas.
El libró quedó conmoviendo dos personalidades posibles. Una fue la remembranza nostálgica de los frustrados izquierdistas de fusil; la otra, los lectores de fábulas, que encontraron aquí una más de las que el uruguayo Eduardo Galeano acostumbra a publicar, llenas de metaforeadas fantasías que tan bien cultiva a sus 69 años de edad, aún digno representantes del snob latinoamericano de los ‘60.
El anacronismo le sale por todas partes. Sólo Hugo Chávez es capaz de aventurarse a semejantes papelazos poniendo sobre la mesa del 2009 un engendro que a estas alturas, le eriza la espalda a cualquiera.
Es una muestra de la ignorancia del venezolano. Un buen asesor, al que Chávez hubiera escuchado, le habría propuesto un libro mejor, no porque a Obama le interesara, sino porque hablaría menos mal de él.
No vale la pena diseccionar una libro hemofílico como ese, kitsch desde el título. Los dramáticos postulados económicos y las reflexiones infundamentadas, solo a base de odios, resentimientos y complejos (un poco en la onda del psicoanálisis y el marxismo, a lo Marcuse) han convertido Las venas abiertas de América Latina, en una hemorragia real.
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