Blog de Luis G. Ruisánchez (2da. EPOCA)



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viernes, febrero 19, 2010

Por la muerte de Miguelito, la Uz más querida de Cuba

Ayer me dijo mi amigo Rony, desde Miami, que Miguelito de la Uz había muerto en La Habana. Lo sentí realmente. Recuerdo sus conversaciones en casa de mi familia, su carácter bondadoso y su constante interés por rescatar del tiempo aquellos años de cuartetos vocales que hicieron furor en la música popular cubana.
Conversé mucho con él, sobre todo cuando junto a Lourdes, su esposa, visitaba la casa para rememorar los años gloriosos de los 60 con mis suegros, cuarteteros a su vez. Eran integrantes de una cofradía gloriosa que, como tantas cosas en Cuba, se iba borrando de un tirón, sustituidas por la imposición mediática de otros temas más oportunos para la tiranía.
Miguelito fue siempre el director del cuarteto Los Modernistas. Fue a él que, a mediados de la década del 60, Alberto Pujol, que dirigía el cuarteto Voces Latinas, le envío a Lourdes Torres y, desde entonces, ella se incorporó a Los Modernistas en el escenario y a Miguelito en la vida. Esa es más o menos la historia.
Pero su muerte me ha valido en desde Santo Domingo, donde vivo tratando de rememorar la isleña voluntad de mirar en cada esquina de la ciudad el mar, para conversar con Camilo Venegas, que tengo de lunes a viernes 8 horas sentado a mi izquierda (a la “izquierda”, aunque le duela) sobre esos años dorados de los cuartetos en Cuba, desde Las D’Aida y Orlando de la Rosa, que iniciaron la avalancha, hasta toda aquella legión de cuartetos vocales, de una calidad envidiable, que se impusieron en el gusto popular de Cuba y que, si no trascendieron al panorama internaciona, fue justamente por las tijeras de la revolución cubana que ya estaban podando todo. Absolutamente todo.
Unos días antes de recibir la noticia de la muerte de Miguelito de la Uz, mi amigo de Miami me había mandado un pequeño video de un homenaje que en la televisión cubana le hicieron a Meme Solías. Vaya qué coincidencia. Fue como una casualidad involuntaria para hablar de Los Bucaneros, el Cuarteto del Rey, Los Modernistas, Voces Latinas, Los Meme, Los Brito, Los D’Enrique, una época en que los cuartetos cubanos competían en arreglos vocales, armonías, diseños de trajes, coreografías, tiempos de oro que apenas recuerdan ya en Cuba, con ese afán nacional de ir borrando todo lo que ha valido para quedarse con lo inmediato: conseguir un dólar o buscar qué comer.
Buena eternidad para Miguelito de la Uz; su muerte se niega cada vez que en un viejo video de la televisión, canten Los Modernistas.

viernes, agosto 21, 2009

Woodstock, 40 años después

El concierto en Ulster County, cerca de Nueva York, los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969, que reunió a 500 mil jóvenes, sigue siendo una evocación necesaria.
En esos años todo cambió, y las tres noches de Woodstock, con tres muertes, dos nacimiento y ríos de sexo, marihuana y LSD, conspiraron con las canciones que en largas jornadas desde la mañana hasta el amanecer, llevaron a un público enardecido que llegó a la granja newyorkina desde todos los rincones del país, a inclinar sus corazones ante la presencia casi mística de Ravi Shankar, Joan Baez, Santana, Janis Joplin, The Who, Blood, Sweat & Tears y Jimi Hendrix, entre otros tantos dioses del rock, en una febril sesión indetenible de tres días de música y paz, de sueños y amor.
Hace apenas una semana, la famosa librería Barnes & Nobles, en Miracle Mile, dedicó una sección de sus estantes a los 40 años de Woodstock y allí compré una edición del periódico New York Times del 18 de agosto de 1969, dedicada al festival musical más notable del siglo XX.
Es como una reliquia original de esa hecatombe feliz de mi generación.

martes, julio 07, 2009

Funeral para un Rey

Grandioso funeral para un Rey. Millones de personas rompieron record histórico de asistentes desde las lunetas del coliseo, desde las calles del mundo, frente a las pantallas del televisor o los ordenadores conectados al Internet, brindándole sus respetos y su admiración al Monarca del Pop, para orgullo de quienes lo admiramos y vergüenza de quienes lo denostaron, porque juntos hemos vivido la experiencia única de este martes 7 de julio iluminados por Michael Jackson, que no se ha ido al cielo después de muerto; se ha ido al sol.

miércoles, julio 01, 2009

La vida loca de Pancho Céspedes

Pancho Céspedes se desvive por cantar en Cuba. Ahora ha salido publicado que, según sus propias declaraciones a la agencia AP, “hay ‘gente’ en la Isla haciendo gestiones para que vuelva a cantar, aunque sin hacer ningún tipo de concesiones". Y agregó, ahora al diario mexicano Reforma, que "hay gente que conoce a algunos dirigentes de allá. Son cosas con las que yo no haré ningún tipo de concesiones, ni voy a abogar 'a favor de'. No voy a hacer políticamente nada, pero estas personas están hablando con esos 'prohibidores' y me han dado noticias alentadoras de que muy pronto voy a cantar en Cuba".
Finalmente, el autor de Vida loca, sentenció que "Si me sorprende la muerte después de eso (cantar en Cuba), yo me iré más tranquilo".
Pancho lleva en sí, la rima de dos valores: sensibilidad e inteligencia. Pero, abandonado entre rones y cantinas, como cantaba el bolero, algo de esa fértil dualidad le falla al punto de confundir la Patria con un trozo de la geografía continental.
Me apena oírlo en ese tono lamentoso, de súplica a quienes él mismo nombra “los prohibidores”, cuando sabe, como todos, que en Cuba no existen prohibidores, sino un único y total prohibidor. O escucharlo cambiando un escenario en La Habana por el valor de su vida. O lo que es peor, presumir que “no hará ninguna concesión política” cuando conoce de sobra, cómo funcionan las concesiones en Cuba.
¿Ingenuidad? Quizás. Yo, que lo conozco, sé que tiene una inclinación voluntaria a la melancolía, que arropa en trajes blancos de dril 100 y sombreros panameños de alas cortas.
Lo que no entiendo es cómo ha sido capaz de cambiar ese delirium tremen de cantar en la Isla, por una casa en Cancún o en Miami. Realmente no lo sé.
Cuando el pedacito adverso de geografía caribeña que es Cuba se convierte en una obsesión física, primaria y elemental, lo mejor es quedarse anclado allá, a la deriva del fracaso.
Y creo que Pancho Céspedes lo debía hacer.

jueves, enero 22, 2009

Germán Pifferrer in memoriam

Lo conocí hace un par de año, tomamos vino en una taberna rústica de la avenida Flagler y llenó la tarde de anécdotas y simpatías. Mantenía la viveza acostumbrada de que me contaban los amigos comunes que nos presentaron.
Pero de Germán Pifferrer sabía desde mucho antes.
En La Habana escuché hasta el deterioro un long-play de la Orquesta Cubana de Música Moderna dirigida por él. Pastilla de Menta y Room 43 se rayaron de tanto girar en mi viejo tocadiscos.
Después entré, por esas virtudes que te aguardan en la vida, en una familia de artistas cubanos unidos por una larga amistad con Germán Pifferrer. Por ellos, acabo de saber de su muerte. Explicable e insólita, porque hay cosas que suelen suceder así.
El pasado 17 de enero, un cáncer mató a esta leyenda de la música cubana. Hace poco tenía en planes un CD de latin-jazz al estilo de Loquibambia, aquel grupo que dirigió en los 50, el pianista Frank Emilio. Pifferrer era un creador incansable. Escuchaba las conversaciones como música y armonizaba hablando.
Comenzó su carrera musical en Holguín, su ciudad natal, como cantante de la orquesta Hermanos Avilés y ya en La Habana, se destacó como arreglista y director. Fue significándose por su talento y su identificable manera de arreglar y de conducir la orquesta.
Un email que acabo de recibir del saxofonista Paquito D’Rivera, recuerda que “El Pife - como lo llamábamos sus amigos y admiradores- debería ser un ejemplo que contradice a aquellos que aun pretenden hacernos creer que negando el academicismo y teniendo menos conocimientos se ayuda a preservar la espontaneidad y la frescura creativa, cuando la realidad es que, en absolutamente ninguna actividad humana, nadie puede ser considerado superior por saber menos. Germán fue una prueba de ello”.
El DVD del año 2004, titulado "Tropicana All Star recuerda a Benny Moré", lo reproduce como fue, llamativo, intranquilo, lleno de energía frente a la orquesta en la que Israel Kantor rememoró los éxitos del Benny. En el Town Hall de New York, dirigió y grabó “50 Years of Mambo", un álbum doble en vivo, en homenaje a Dámaso Pérez Prado. Sus largos años de exilio nunca lo distanciaron del ejercicio y la honra que le profesaba a la música de su patria, a las figuras que brillan para siempre en la historia musical de Cuba.
Él mismo ha de ser honrado así. Y por las mismas razones.

jueves, noviembre 27, 2008

Y siguen siendo más famosos que Jesucristo

Cuarenta años después de su aparición en el mercado, en 1968, The White Album de The Beatles, ha sido mencionado por el Vaticano por primera vez, calificándolo como una “utopía musical, donde se encuentra todo y el contrario de todo".
Cuando el famoso cuarteto lanzó el disco (Cuyo verdadero nombre es “The Beatles” a pesar de conocerse universalmente como “The White Album”) el Vaticano se encontraba transitando una de sus etapas peores, pródiga en intransigencias a los riegos espirituales de una década llena de curas con la teología de la liberación debajo del brazo, revoluciones de corte marxistas, hippies, rock y LSD.
La respuesta de John Lennon durante una entrevista en 1966 a la televisión estadounidense, “Los Beatles somos más famosos que Jesucristo”, fue imperdonable para la Santa Sede, y los cuatro muchachos de Liverpool quedaron excomulgados para siempre.
La algarabía suscitada por aquellas declaraciones fue tal, que el mismo Lennon tuvo que enmendarla un día después: “No dije que The Beatles son mejores que Jesucristo, dije que somos más populares, como lo puede ser la televisión o cualquier otra cosa”.
Ahora, El diario del Vaticano, L’Osservatore Romano acaba de publicar un justificante artículo sobre The Beatles en el que eleva al altar de la gloria a John, Paul, George y Ringo y argumenta que aquello “fue una frase que suscitó profunda indignación pero que hoy en día suena más a una mofa de un joven de la clase obrera inglesa abrumado por el éxito”.
Dos de los cuatro muchachos ya mo podrán leerlo. A los otros dos sobrevivientes, creo que les importará poco; demasiado éxito e historia para ocuparse de la excomulgación en el otro mundo, si ya han sido comulgados en este.

jueves, diciembre 06, 2007

Adiós, Patato, en Cuba no se habla de tu muerte


Patato Valdés murió este miércoles en un hospital de Nueva York. En Cuba pocos los conocen y nada se habla de él. Es de los borrados de la historia nacional, los excluídos.
Era un dios musical, maestro de la percusión cubana, un timbalero de armas tomar y, opuesto a su pequeñez corporal, fue un gigante de las tumbas.
Me permito reproducir esta nota aparecida en el diario El Nuevo Herald este jueves 6 de diciembre.

Fallece el percusionista cubano ''Patato'' Valdés
Por Enrique Fernández
Uno de los más grandes percusionistas cubanos de todos los tiempos murió el miércoles por la noche en Nueva York, de complicaciones de enfisema. El diminuto Carlos ''Patato'' Valdés no sólo disfrutó de una gran carrera musical, sino que revolucionó el uso de su instrumento, las tumbadoras. Tenía 78 años y estaba hospitalizado por enfisema.
Sus raíces eran profundas en la música afrocubana y creció tocando el trés (una guitarra de doble cordaje) y cajas de madera que usó como instrumento de percusión en su juventud. También trabajó brevemente como bailarín y boxeador. Tocaba en las comparsas cuando las organizaciones musicales de los barrios desfilaban bailando durante los carnavales. El penetrante golpear de su tambor bien afinado podía escucharse a cuadras de distancia.
En la década de 1940, Patato (un sobrenombre cubano para personas diminutas) tocó con importantes músicos cubanos como Miguelito Valdés y formó parte de grupos famosos como La Sonora Matancera y el Conjunto Casino. En la siguiente década comenzó una gira en Estados Unidos, principalmente Nueva York, donde finalmente se ubicaría.
En EEUU, Patato se unió a líderes de la música afrocubana en Nueva York: Mongo Santamaría, Tito Puente, Machito. Y atrajo la atención de maestros del jazz que le pidieron que se uniera a sus grupos. Patato trabajaría para Herbie Mann, Art Taylor, Max Roach, Dizzy Gillespie, Quincy Jones.
En los años 60 emprendió una carrera como solista, grabando bajo su propio nombre. Enriqueció la escena de la salsa trabajando con el director de orquesta Johnny Pacheco, al tiempo que continuaba colaboraciones con Tito Puente y otras estrellas latinas. Se mudó a la Costa del Oeste, luego a París, pero finalmente regresó a Nueva York.
Como gran showman, Patato aprovechó su reducido peso para bailar encima de sus tumbadoras. Pero dejando a un lado sus payasadas, su contribución a la música afrocubana fue mejorar la ejecución de las tumbadoras, para lograr extraer de ellas no sólo golpes rítmicos a mano limpia, sino verdaderas melodías. Tocar las tumbadoras, un instrumento esencial de una orquesta latina, nunca volvió a ser igual después de Patato.
De acuerdo con el promotor de Nueva York, Jessie Ramírez, que arregló las giras para el percusionista y era un amigo íntimo de Patato, el martes por la noche una enfermera informó que Patato se quitó todos los aparatos que lo mantenían con vida, levantó sus brazos hacia lo alto, y al bajarlos murió, balbuceando algo que la enfermera entendió como ``¡Go!''.
Dice Ramírez que fue una invocación al dios yoruba Changó, prominente en la religión Lucumí, conocida como Santería. En el calendario católico, el martes era el día de Santa Bárbara, que en santería es equivalente al dios del trueno, Changó.

viernes, octubre 26, 2007

Vírgen de la Caridad del Cobre: Las dos apariciones en Santo Domingo


Como una tabla salvadora de la espiritualidad que se va perdiendo entre la distancia y el fragor cotidiano por subsistir, la Patrona de Cuba plantó su presencia este 8 de septiembre en la Catedral Primada de América.
El viejo templo de la ciudad de Santo Domingo, primero en el Nuevo Mundo, sirvió de escenario para que la Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre sonara entre sus columnas y sus arcos con el redoble de los tambores batá, las congas que llaman a la felicidad y al delirio, y transculturan el alma de quienes se movían gozosos con la oración musical a “Cachita”, tan lejos de la patria desde donde se rescatan, acaso, los instintos.
José María Vitier fue el culpable. Sólo un músico en cuyos genes fluye la sangre familiar poética y formado sin prejuicios entre Bach y Cervantes, Chano Pozo y Mozart, a medio camino entre Michelle Legrand y Loquibambia, pudo ser capaz de fraguar en un crisol de intenciones el europeísmo heredado por la cultura cubana con la rítmica sacrosanta de los negros africanos. La Caridad del Cobre y Ochún cantada por sopranos, coro y trovadores, y tocada por una orquesta de cuerdas y un set de tambores. Allí, todo fue posible.
Los protagonistas
Una orquesta de cuerda integrada por músicos de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo y veinte cantores del Coro de la Catedral dominicana, integraron el elenco junto a los que vinieron desde La Habana: José María Vitier, María Felicia Pérez, voz mezzo y directora del Coro Exaudi; la soprano Bárbara Llanes, el trovador Amaury Pérez, la pianista María Victoria del Collado y los percusionistas Adel González y Luis Bárbaro Rodríguez.
La propuesta resultó artísticamente admirable. Guiado por María Felicia Pérez, el coro se enfrentó a un complejo trabajo que iba desde interpretaciones típicas de la liturgia hasta tonadas afrocubanas. Los veinte cantores trabajaron con fuerza para lograr todo el decoro posible tras unos pocos ensayos.
La orquesta de cuerdas contó con respuestas destacadas, como el contrabajo que asumió Antonio Gómez Sotolongo y que lo obligaba a ir del arco al pizzicato entre pasajes barroco y la rítmica de la criolla, la guajira o las tonadas yorubá. Violas, cello y violines completaron la camerata y respondieron a las indicaciones de Vitier con presteza, demostrando el interés asumido en los pocos días de ensayo y mucha profesionalidad, con la excepción del primer violín que se mantuvo impreciso a veces y muchas otras penoso, solo rescatado gracias al trabajo conjunto de la orquesta y la grandeza musical y emotiva de la Misa.
Aplausos y exclamaciones sacaron la voz de la soprano Bárbara Llanes, su interpretación del Ave María dejó estupefacto a todos porque la joven tiene una dimensión universal. El trovador Amaury Pérez, que ha repetido la Misa desde hace años, ajusta su voz y sobre todo su temperamento, en las tres canciones populares con textos de Emilio Ballagas y de Silvia Rodríguez Rivero. María Felicia Pérez, conocida internacionalmente por su trabajo con el coro Exaudi, se llevó el mérito de montar las voces y cantar solos y dúos con belleza ya reconocida.
La complejidad coral con tintes de criolla y contradanza en temas como Sanctus, o la fuerza creciente del Hosanna, con los percusionistas pasando de las congas a los tambores, convirtieron la misa en una experiencia innombrable.
Como colofón, José María agregó su Ave María por Cuba, en el que interpretó la parte de piano bajo las estructuras del latin jazz, y poco a poco fue integrando cuerdas, voces, coros afrocubanos y tambores para darle una grandeza que dentro del público cada quien asumió bajo sus propios fervores.
La consumación
Gracias a una comunión de esfuerzos que incluyó a la Nunciatura Apostólica en República Dominicana, la compañía de presentaciones artísticas Hierbabuena que dirige Roberto Cavada, y otras colaboraciones “empecinadas”, y después de años de intentarlo sin éxito, el elenco llegó para hacer dos presentaciones de la Misa Cubana, una el día 7 de septiembre en el Teatro Nacional y la segunda el sábado 8, día de la Virgen, en la Catedral de Santo Domingo, esta vez como parte de la misa real.
Ambas experiencias fueron únicas. Cientos de cubanos asistentes, exiliados o residentes en República Dominicana, no controlaron las emociones que, más allá de esa música capaz de sacarle el alma a cualquiera, se reencontraron con una identidad dormida.
Escrita para ofrecerla durante la visita del papa Juan Pablo II a La Habana, la Misa Cubana a la Caridad del Cobre ha sido repetida en escenarios de todo el mundo en sus 11 años de existencia.
Durante una conversación con Vitier, el músico nos dijo que “La Virgen de la Caridad del Cobre pertenece a todos los cubanos, es un símbolo de unión para todos los cubanos y nos representa a todos como nación”.
Con los favores milagrosos de la Virgen, Vitier fue capaz de lograrlo en dos horas de música, unir todas las herencias musicales, todas las referencias. Sin embargo, a oscuras y frente a él, el público vivió una integración igual cuando dominicanos y cubanos, y aún más, cubanos de todos los colores políticos, razones migratorias, credos y filosofías, coincidieron en las emociones y los aplausos permitiéndonos experimentar por un par de horas y bajo el influjo conciliador de la música, esa patria “con todos y para el bien de todos” que proclamara José Martí. Un atisbo de la esperanza que le agradecemos a la Virgen de la Caridad.